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Fracking: El gas de la muerte

Al comienzo del magnífico documental Gasland (2009) Josh Fox se pregunta lo siguiente: “¿Qué pasaría si USA y otros países adoptan el gas natural como fuente de energía en lugar del petróleo?” La escena que se nos ofrece a continuación es tétrica: familias de clase media, agricultores, obreros, personas que durante décadas habían vivido en la localidad de Dimock (Pennsylvania) sin mayores contratiempos, afrontaban un problema de seguridad y salud pública de vastas y dramáticas dimensiones. Migrañas horribles, náuseas y mareos, problemas dermatológicos, respiratorios o extremo cansancio fueron algunos de los síntomas que Fox registró de los propios protagonistas cuando decidió averiguar qué narices pretendía hacer con su tierra la compañía de gas que le prestaba servicio, justo encima de una de las bolsas de gas más importantes del Nordeste de los EE.UU, Marcellus Shale, por la que le ofrecía la sustanciosa cantidad de 100.000 dólares por sus 39 ha (4.750 por ha).

El fracking o fractura hidráulica es una técnica de obtención de gas shale que consiste en perforar un pozo de manera vertical, atravesando acuíferos, suelo, capas freáticas y rocas hasta una profundidad de entre 2 y 3 kilómetros. Una vez abierto el pozo, se inyectan entre 4 y 28 millones de litros de agua a presión y arena junto con una mezcla terrorífica de al menos 596 compuestos químicos (de los que hablaremos más adelante) que sirve para congelar el gas en la superficie de la roca y facilitar su extracción. De entrada, no suena muy bien la cosa. Este párrafo, peor o mejor redactado, puede encontrarse en prácticamente toda la bibliografía anti-fracking disponible en Internet. Lo interesante aquí es, por tanto, entender y analizar qué significa todo esto en términos prácticos de obtención de energía e impacto medioambiental, así como las consecuencias que pueda tener en la salud de las personas, como veremos a continuación.

Representación Gráfica del proceso del fracking

Representación Gráfica del proceso del fracking

Volvamos a Gasland. No hace falta ver la película completa para darse cuenta que la fractura hidráulica no es la opción más sostenible a la hora de extraer materias primas con las que generar nuestra energía, pero el largometraje total nos da una visión general de algunas de las graves consecuencias negativas que esta práctica conlleva:

  • No hay ninguna duda de que extraer hidrocarburos del suelo y quemarlos aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Muchos depósitos se encuentran sobre acuíferos. A menudo las placas de cemento que los recubren se rajan filtrando grandes cantidades de metano, suficientes para causar fuegos y explosiones.
  • Necesita de vastas cantidades de agua para cada pozo. Entre 4 y 28 millones de litros por cada pozo, cada vez que se perfora. Y puede perforarse una media de 18 veces.
  • Las numerosas construcciones adyacentes necesarias para llevar a cabo cada proyecto varían para siempre el ecosistema: pozos, carreteras, bombas, tanques, perforadoras, camiones cisterna, accesos, etc…
  • Las aguas residuales (mezcla de agua, productos químicos, restos de roca y tierra) merecen un capítulo aparte. Sólo indicar que uno de los problemas es que durante su almacenamiento en grandes zanjas excavadas a tal efecto, se filtran en el subsuelo hasta las capas freáticas, contaminando agua y tierra.
  • Los tanques de condensación del gas, que lo almacenan hasta que los camiones cisterna se lo llevan, son altamente inflamables y están filtrando vapor de compuestos orgánicos volátiles tóxicos y cancerígenos 24 horas al día
  • Las personas y los animales son desplazados, a veces por la fuerza, para la construcción de los pozos y los gasoductos. En EE.UU. el Gobierno cede miles de hectáreas de tierra protegida (2004) para el usufructo de empresas participadas por el ex-vicepresidente Dick Cheney.
  • Graves problemas para la salud de las personas, animales y plantas que viven cerca de las perforaciones

Un grave problema de salud pública

Es para preocuparse echando sólo un vistazo a la lista de agentes químicos que conforman la mezcla de 596 componentes que se inyectan a presión junto con los millones de m3 de agua para congelar el gas: TMTCB (un fungicida de amplio espectro),  etilobenceno (áltamente cancerígeno), éter monoetílico, dietilenglicol metil éter (cancerígeno, mutágeno, letal), ácido inhibidor HAI85M (neurotóxico)methoxy-2-propanol, metanol, naftalina y otros corrosivos, gelificantes, aditivos para la perforación, biocidas, espesantes, emulsionantes, etc… Muchos de estos componentes no son conocidos y otros han tenido que ser descubiertos por análisis privados realizados por asociaciones e individuos afectados por el fracking, tal y como ocurre en el primer cuarto de la película de Fox. La Industria del sector rebate que son entre 9 y 18 los productos químicos que van en la mezcla. En este estudio del conocido ingeniero químico adherido al lobby gasístico  Ramses Alejandro Pech Razo, se aseguró que el 99.2% de lo inyectado es agua.

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El éter de glicol o el dietilenglicol metil éter es incoloro e inodoro, corroe la membrana de protección en los filtros del agua y se filtra dentro de los tanques de agua potable que las personas que viven cerca de los campos utilizan. En 2005 Encana, una de las compañías de perforación más importantes, fue obligada a sellar sus pozos cerca de la propiedad del matrimonio Locker, en Wyoming, y a proveer con agua potable a las familias afectadas por mandato judicial al comprobarse las consecuencias adversas que tenía para la salud el éter de glicol, presente en el agua de sus pozos.

El fracking o fractura hidráulica es una técnica de obtención de gas shale que consiste en perforar un pozo de manera vertical, atravesando acuíferos, suelo, capas freáticas y rocas hasta una profundidad de entre 2 y 3 kilómetros. Una vez abierto el pozo, se inyectan entre 4 y 28 millones de litros de agua a presión, arena junto con una mezcla terrorífica de al menos 596 compuestos químicos…

Pero lo es aún más (para preocuparse) observar las enfermedades relacionadas con la exposición prolongada, y en algunos casos no tanto, a este tipo de sustancias tóxicas: cáncer de testículos, malformaciones fetales, anomalías en la médula ósea, hemólisis (destrucción de los glóbulos rojos), alteraciones del sistema nervioso, pérdida de la visión, del gusto y del olfato, asma, jaquecas, cansancio extremo, cáncer. En esta página puedes ver un resumen del informe que varios profesionales sanitarios realizaron sobre el asunto en el norte de Pennsylvania donde se concluía que en un 96% de los estudios publicados se apreciaban potenciales riesgos con consecuencias graves para la salud.

No está nada mal para una vista general. Ahora adentrémonos un poco más en las circunstancias que envuelven esta técnica y su desarrollo en Europa, en comparativa con el caso tipo descrito en Gasland (USA)

Lobbys, políticos y la ley de protección del agua

Uno de los momentos clave apuntados en el filme es la firma por parte del Congreso de USA en el año 2005 de una cláusula enviada al mismo por Dick Cheney, por la cual las industrias petroquímicas y de extracción de gas quedaban exentas del cumplimiento de la Ley de protección del agua potable (Safe Drinking Water Act). Esto permitió a las compañías extractoras comenzar sus perforaciones sin tener que cumplir ningún tipo de medida preventiva, de seguridad o llevar a cabo algún análisis del terreno. De hecho, cuando alguno de los vecinos afectados intentó saber qué compuestos químicos eran inyectados en los pozos adyacentes a sus terrenos se encontró con que las compañías extractoras no tenían porqué decírselo.

Uno de los grandes argumentos esgrimidos por las compañías que pretenden explotar este negocio (agrupadas en lobbys de presión) en Europa en defensa del fracking, es que esto que acabamos de describir y que muestra descarnadamente la película de Fox no puede suceder a este lado del Atlántico precisamente por las estrictas medidas de seguridad que la UE y los estados miembros aplican en materia de energía. Y es posible que dicho mantra sea relativamente cierto, ya que hay países como Francia y Bulgaria que ya han prohibido la práctica y otros como Sudáfrica o Canadá (donde actualmente existen moratorias), que en estos momentos pueden presumir de tener una legislación más restrictiva en cuanto a implantación de nuevas técnicas o plataformas de prospección de hidrocarburos; si bien es cierto que algunos de estos países no parecen tener unas reservas de gas significativas, según los expertos. Sin embargo las recientes negociaciones trasatlánticas entre EE.UU., Canadá y la UE para un nuevo tratado transoceánico de libre comercio, el conocido por sus siglas en inglés TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership), ponen en tela de juicio esta supuesta cobertura ante posibles abusos contra el medio ambiente y la salud de las personas. En la práctica dicho tratado supone la cesión de parte de la soberanía de los estados miembros pues otorga a las empresas la potestad de recurrir leyes concretas y soberanas de un país que entren en conflicto con sus intereses ante tribunales de arbitraje creados para dirimir estas diferencias. El fracking es una de esas cosas que pueden colarse por la rendija del TTIP en casos en que no esté muy definido el estatus de un enclave natural concreto, o en otros casos menos específicos.

El principal lobby donde se agrupan las compañías punteras interesadas en la explotación de las controvertidas reservas de gas esquisto en España se llama Shale Gas España. La mayoría de sus miembros los son también de ACIEP ( Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos), otro lobby al que pertenecen las grandes firmas del sector. Shale Gas afirmaba hace pocas fechas que en 2016 comenzarán las primeras prospecciones con fines de investigación y que el ayuntamiento del municipio donde se perforen tales pozos recibirá una compensación entre 300.000 y 600.000 € por cada pozo y sólo en esta primera fase, donde no se extraerían grandes cantidades de gas.

A través de la presión empresarial y económica llevada a cabo y desarrollada por los medios de comunicación generalistas en medios de los grandes grupos político-empresariales del país, los voceros y representantes de dichos lobbys se encargan de repetir una y otra vez que en el subsuelo español hay hidrocarburos “para más de 70 años”.

En el último documento promovido por esta asociación, un informe sobre la extracción del gas pizarra en la UE emitido por El Consejo Científico Consultivo de las Academias Europeas/European Academies’ Science Advisory Council (EASAC) se pone de manifiesto que las principales líneas de actuación a seguir en la batalla por ganar el debate público y regulador son 3: “(1) las consecuencias que puede acarrear la alta densidad de población en Europa (combinadas con el problema del uso del agua); (2) la cuestión de las fugas de metano, y (3) el desafío que representa conseguir la aceptación (local) pública.” Como de hecho ponía de manifiesto el portavoz de Shale Gas en una entrevista concedida al Diario 5 Días, Juan Carlos Muñoz, en la que afirmaba que las aprobaciones para las prospecciones se retrasaban y complicaban “debido a la dificultad de transmitir socialmente el interés de la estimulación hidráulica” y que esto era consecuencia de las reticencias que la opinión pública tiene de ver el fracking como una técnica de extracción segura. Muñoz se muestra tajante y la califica de “muy segura”; sin embargo los argumentos son que en Polonia hasta esa fecha se había iniciado 60 prospecciones, que en Reino Unido se habían habilitado más de 100 permisos y en Estados Unidos existen un millón de pozos y una regulación que garantiza la seguridad. Es decir, información errónea y argumentos sin recorrido ni desarrollo. Es muy probable que el Sr. Muñoz no haya tenido la oportunidad de ver Gasland.

Como vemos, la voluntad del sector por acometer la empresa es máxima, a pesar de la polémica que suscitan las desconocidas reservas de gas que la UE guarda en su subsuelo y costas.  A través de la presión empresarial y económica llevada a cabo y desarrollada por los medios de comunicación generalistas en medios de los grandes grupos político-empresariales del país, los voceros y representantes de dichos lobbys se encargan de repetir una y otra vez que en el subsuelo español hay hidrocarburos “para más de 70 años”. Periódicos como El País, incluso les ceden sus páginas de opinión para que se explayen a gusto al lado de Forges o El Roto.  Un informe de Geología y Exploración de Síntesis (GESSAL), una empresa muy ligada al lobby ACEIP indicaba en Marzo de 2013 que las reservas de gas esquisto es España rondaban los 2 billones de m3. 

Reservas de Gas en el Mundo ®ARI, 2013  Agencvia de Información Energética USA

Reservas de Gas en el Mundo
®ARI, 2013
Agencia de Información Energética USA

Sin embargo sólo 3 meses después la Agencia de Información Energética de USA elevaba otro informe en el que se evaluaban las reservas de gas mundiales. España se quedaba con unos 226.000 millones de m3, una décima parte de lo que los lobbys gasísticos se empeñaban en insistir. El director de Gessal, Enrique Hernández se apresuró a matizar que, en realidad, ellos basaban sus previsiones en las estimaciones de las reservas pero que, en realidad, al no haberse realizado prospecciones, estas estimaciones no habían sido refrendadas por lo que el informe americano partía de un error puesto que no puede hablarse de reservas ya que aún “no existe ningún sondeo”. A pesar de que el Sr. Hernández está reconociendo de manera implícita que sus propias cuentas también son de la lechera. Tanto una cifra como otra están basadas en estimaciones y los informes donde se inscriben han sido elevados por lobbys empresariales con diferentes intereses, nacionales e internacionales.

Uno de los grandes argumentos esgrimidos por las compañías que pretenden explotar este negocio (agrupadas en lobbys de presión) en Europa en defensa del fracking, es que esto que acabamos de describir y que muestra descarnadamente la película de Fox no puede suceder a este lado del Atlántico precisamente por las estrictas medidas de seguridad que la UE y los estados miembros aplican en materia de energía. 

Tanta presión e interés del sector y la industria de los hidrocarburos ayuda a que no se termine nunca de cristalizar una apuesta real y coherente por las energías renovables. Una apuesta no sólo basada en aumentar el parque eólico o el número de placas fotovoltaicas en uso sino cimentada en la creencia de que sólo virando hacia otro modelo energético podemos soñar siquiera con la tan clamada sostenibilidad. Para ello debería cambiarse la regulación y hacer una fuerte inversión en tecnología, aprovechamiento y optimización en el uso de la energía y acelerar las investigaciones en almacenamiento y fuentes de energías renovables, ilimitadas y económicos y, sobre todo, con un impacto mínimo o incluso 0 en el ecosistema. El precio de la ambición empresarial lo pagarán las generaciones venideras.

Activismo anti-fracking y situación actual

En este contexto se puede enmarcar la posición del Gobierno de España. Absolutamente dominados por la influencia de las multinacionales, cuyas puertas giratorias acaban dejando entrar a la mayoría de políticos con algún tipo de responsabilidad en cuestión de energía, nuestros dirigentes asumen el papel que se les ha otorgado en un guión destinado a calar poco a poco en la opinión pública el mensaje de que el gas lutitas o de esquisto es la solución para la autosuficiencia energética del país, la crisis económica y que no hay ningún tipo de riesgo para la salud, al estar las autoridades al mando, diligentes a la hora de aplicar un regulación estricta en materia de seguridad y salud pública. Sin embargo al oír al ministro Soria en Junio pasado declarar que “…el fracking sirve para extraer el gas que está enquistado en las rocas, por eso se llama gas esquisto», nos damos cuenta de qué tipo de dirigentes tienen que velar por nuestra seguridad. El Ministro de Industria y Energía no tiene  ni la más mínima idea de lo que es, en realidad, el fracking.

También en este contexto se encuadran las acciones de los diversos grupos activistas, ONGs, asociaciones y algunos ayuntamientos que luchamos por informar coherentemente a la población sobre los abusos y peligros que esta técnica ya ha ocasionado en USA, sobre todo, y otros países. Gracias al trabajo de todos ellos, bhoy en día el fracking es un concepto familiar a casi todo el mundo y no genera en especial demasiado fervor a favor del mismo. La plataforma Fracking EZ Araba presentó en 2013 una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para parar las prospecciones y estudios en Euskadi que, a pesar de haber sido consensuada en las Juntas generales de Álava, fue finalmente rechazada por la mesa del Parlamento Vasco.

En Aragón y también en 2013, en Junio, un grupo de alcaldes cuyas localidades se hubieran visto afectadas ante una propuesta de investigación de la empresa Frontera Energy Corporation S.L. para las zonas de Castilla-La Mancha y Castilla-León, limítrofes con los municipios entorno a los ríos Mesa, Piedra y Jalón en Aragón, formaron una plataforma anti-fracking para elevar alegaciones conjuntas ante el Ministerio de Industria por este proyecto.

El encomiable trabajo de la Asamblea horizontalista Fractura Hidráulica No en Cantabria lleva tiempo dejando su semilla por todo el norte de España y el país en general. Su continua actividad con asambleas semanales y actos de difusión sobre el problema permiten a la gente acercarse más a la realidad de lo que sucede. Presentan alegaciones contra la apertura de pozos, sin ir más lejos el 19 de Febrero ante la Delegación de Gobierno en Santander presentarán las correspondientes alegaciones contra el expediente del pozo Angosto-A. Otro de los trabajos a destacar es este excelente Mapa de la Fractura Hidráulica que puedes encontrar actualizado en su web y con el que puedes colaborar.

También sería necesario nombrar y valorar la aportación que ONGs como Ecologistas en Acción o Greenpeace están haciendo al respecto en todo el mundo, si bien muchas de las acciones son más mediáticas que funcionales en sí mismas, sí que ponen el acento en el problema y hacen a la población más consciente de la situación real. Para la prensa cercana a los lobbys del sector, estas ONGs estarían apoyadas por Rusia, en un intento de cortar las alas a los europeos a la hora de alcanzar la independencia energética y hacer que siguieran dependientes del gas ruso.

La realidad en números es que a día de hoy existen un total de 73 permisos de investigación vigentes entre los 47 concedidos por la Administración General del Estado y los 26 otorgados por las CC.AA. Así mismo existen 28 concesiones de explotación vigentes según los datos del MITYC (Ministerio de Industria, Turismo y Comercio), casi todas a las empresas RIPSA y PETROLEUM. La mayoría de ellos se concentran el cornisa vasco-cantábrica, Canarias y la zona del Ebro Norte.

Hasta la fecha no tenemos noticias de que en nuestro país estén sucediendo los acontecimientos de Dimock o Wyoming, ni el volumen de prospecciones sugiere algo de tales dimensiones. Sin embargo los riesgos están ahí y las garantías de seguridad tan proclamadas ya fallaron en proyectos como el Castor. Lo cierto es que hasta pasados unos años no sabremos el verdadero alcance que el fracking tendrá en España y la UE a todos los niveles, incluidos sus impactos humano y medioambiental. Lo que es prácticamente seguro es que los habrá.

 

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