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Larutanatural. Hugo Cano (Jardín privado en Alcalá de Hres. 2013)

Recursos de Permacultura: I Espiral de Hierbas

Una espiral forma parte de los llamados “patrones (patterns) inmutables de la naturaleza”. El mundo es una secuencia de padrones. Desde una neurona hasta una galaxia. No sabemos, y no pretendemos aquí aclarar ese misterio ni jugar a técnicos de la NASA, cuál es la razón de que una parte de la materia se establezca y organice de esta forma, siguiendo qué parámetros y con qué fines. La espiral se repite en la Naturaleza hasta la saciedad: nuestra galaxia, anillos de los árboles, espirales creadas por corrientes de agua, huracanes, ADN, huellas dactilares…y así podríamos estar horas. Lo que sí podemos señalar, desde nuestra mera posición de humildes observadores, es que la disposición de las estructuras del tipo que sean en espiral ofrece una serie de características notables a la mera observación, de las que resaltaremos 2: la colocación de los elementos que la conforman se dispone “de dentro hacia afuera” o viceversa y los espacios curvos son el factor dominante.

 

Espiral de Rota por Carlos Cromo (vía www.flickr.com) CreativeCommons

Espiral de Rota por Carlos Cromo (vía www.flickr.com) CreativeCommons

Aprovechando y estudiando estas dos características básicas de la espiral, el diseño de Permacultura ha creado un concepto revolucionario dentro del mundo de la agroecología: la espiral de hierbas y plantas, medicinales o no. Partiendo del dibujo base se buscan crear diferentes alturas y densidades de terreno, jugando con el entorno y los elementos de la naturaleza. Al crear diferentes alturas conseguimos que la relación del huerto con el sol proporcione diferentes espacios, lugares y momentos de sombra y varias intensidades de luminosidad y sol directo, dependiendo de la localización de la espiral y de la posición del sol con respecto a la misma.

Huerta Espiral con madera, Larutanatural, CasadeBarro Arraial D'Ajuda, Brasil, 2012

Huerta Espiral con madera, Larutanatural, CasadeBarro Arraial D’Ajuda, Brasil, 2012

Podemos darnos cuenta de que al ir rellenando las diferentes “alturas” vamos a tener que ir utilizando más cantidad de tierra. Diferentes cantidades y tipos de materia orgánica generarán una enorme biodiversidad, algo que siempre buscamos al enfrentarnos a cualquier situación desde el prisma de la Permacultura.

La relación con el agua en un huerto intensivo en espiral es siempre especial. Lo primero sobre lo que debemos incidir son los diversos niveles de drenaje que aparecen al ir subiendo de altura en la espiral. Así mismo, la variedad de orientaciones permiten que estos canales de drenaje atraviesen diversos tramos. Muy importante: Siempre tendremos en cuenta la dirección del recorrido del agua (opuesta en cada hemisferio del plantea). Esto es especialmente capital cuando nos encontramos ante la relación de la espiral con el espacio reservado para el “estanque de agua”, destinado a plantas acuáticas o que crecen en humedales (como pueden ser los berros) o, incluso a pequeñas especies de peces que crean relaciones simbióticas con los microorganismos de la espiral. Así mismo, podemos añadir una nueva función si utilizamos pequeñas especies de sapos y ranas que pueden ayudarnos en el control de plagas e insectos.

En definitiva lo que estamos construyendo es un nicho de vida basado en la biodiversidad que se genera de la interacción proveniente de los múltiples bordes que implementamos en el modelo: alturas, paredes, raíces, agua, estanques, enredaderas, madera, piedras…..Una espiral dispone de multitud de micro-climas y nos permite el cultivo de hierbas y plantas de secano y de regadío, perennes y caducas, adaptables a diferentes estaciones y climas.

Mencionaremos finalmente una de las características que hacen del huerto en espiral una alternativa inmejorable para todo tipo de personas, familias, comunidades, restaurantes….es su aprovechamiento del espacio. En aproximadamente 1.5 m. de diámetro disponemos de variedad, calidad y productos frescos. Máxima optimización del espacio y el rendimiento. Además, a la hora de recolectar es muy práctica, no hay que doblarse como en los huertos tradicionales, todo queda a la altura de las rodillas, como muy bajo. Si la colocamos, como es menester en un buen diseño de permacultura, cerca de la cocina o lugar de preparación de los alimentos nos ahorraremos un buen trabajo y una gran cantidad de energía que podremos destinar a otras actividades.

 

Construyendo la Espiral

Material. Depende del lugar donde nos encontremos. Recordemos que la Permacultura establece que debemos trabajar con materiales locales, preferentemente ya utilizados (reciclaje) o viejos y, si son nuevos, que provengan de zonas donde su extracción no suponga ningún tipo de desequilibrio para el ecosistema (por ejemplo, en el caso de la madera, cortaremos árboles ya caídos o enfermos o que impiden el crecimiento de otros grupos de árboles; en el de la piedra, nunca iremos a márgenes de ríos o a lechos naturales donde la eliminación de las piedras suponga un problema para la especies que viven en ellas). Para la base (la parte más larga) es conveniente usar algún tipo de material procesado y listo para reciclar, como botellas o latas, pequeños neumáticos, maceteros de barro viejos, etc…

Cualquier material es válido si cumplimos con las premisas anteriores: piedra y barro, madera, sólo piedra, ladrillos viejos, adobe, encofrado, guías de metal (al estilo verja), alambre, y hasta arbustos de consistencia y espesor importantes….

Disposición. La espiral debe ir creciendo en altura de fuera hacia adentro, es decir, al completar el primer círculo exterior llegando de nuevo al principio, deberemos desviarnos unos 30 grados a la derecha para comenzar a “subir”. A partir de aquí iremos elevando la altura progresivamente y de manera equilibrada, teniendo en cuenta la acción de la gravedad sobre el peso del material que estamos colocando. Grandes pendientes podrán en peligro la estructura, con riesgo de desprendimientos.

Es importante colocarla teniendo en cuenta la dirección del transcurso del sol desde el nacimiento hasta el orto. Mirando hacia el Norte en el hemisferio sur, y viceversa.

Hay muchas maneras de construir una espiral, tantas como materiales y personas que se pongan a ello; sin embargo existen algunos consejos imprescindibles que deben ser considerados siempre. Veamos algunos:

Proceso de construcción con barro y piedras. Instituto Permacultura Bahía

Proceso de construcción con barro y piedras.
Instituto Permacultura Bahía

Medidas. No hay una medida exacta, pero en general si queremos hacer espirales muy grandes, debemos pensar que la permeabilidad, optimización de los recursos y el espacio y el aprovechamiento de la misma se verán mermados, además de entorpecer y complicar sensiblemente el proceso de construcción y aumentar considerablemente el volumen de materiales a emplear. De 1.20 a 1.80 metros de diámetro y entre 0.80 metros y 1.20 de altura máxima son rangos más que suficientes para asegurarnos una biodiversidad notable.

Método. Empezamos por el círculo exterior practicando una zanja de aproximadamente 30 a 50 cm. de profundidad donde enterraremos el primer nivel o suelo de la espiral y los muros exteriores, que darán consistencia a los interiores impidiendo que la espiral se caiga en esas primeras fases de construcción. Al llegar al final, como hemos indicado antes, comenzaremos a subir, iniciando los primeros tramos en elevaciones de entre 20 a 30 cm. Por supuesto iremos rellenando de tierra y sustrato según vayamos construyendo los muros y regando. Esto es muy importante pues hace que la tierra y los muros comiencen a mezclarse, formando un todo estructural que, meses después, dará a la espiral esa consistencia maciza y esa solidez única. Especialmente si la estamos construyendo con piedras (ver foto).

Espiral de 1.30 m de diámetro en jardín particular. Construcción de primeras fases. Larutanatural. Jardín privado Alcalá de Henares, 2013

Espiral de 1.30 m de diámetro en jardín particular. Construcción de primeras fases. Larutanatural. Jardín privado Alcalá de Henares, 2013

Después vamos a ir cerrando la espiral, añadiendo entre 15-20 cm. de altura por cada tramo hasta llegar a la parte más alta, donde concentraremos las hierbas de secano, en una especie de montículo o “copete”.

Durante todo el proceso, como hemos indicado iremos colocando tierra y sustrato progresivamente y regando, sobre todo si no hemos elegido ninguna estructura unida (ladrillo con cemento, materiales de una sola pieza…).

A partir de ahora, vendrán unas cuantas semanas en las que colocaremos “mulch” o acolchado orgánico encima de la tierra utilizando todo tipo de hojas secas o arrancadas, fibras, excrementos de gallina, trozos de madera podridos o viejos, cáscaras de fruta, papel, cartones, paja, hierba seca, lombrices….De las virtudes del mulch y sus usos en permacultura hablaremos mucho más profundamente en otros artículos.

Esta capa será periódicamente regada hasta el momento de plantar.

Como hemos visto, se trata de un proceso sencillo en el que 2 personas no tardarían más de 1 día en construirla, disponiendo de todos los materiales y habiendo hecho, claro está, el estudio previo de ubicación de la espiral.

 

 

Jardin Rue Fessart

La envidiable experiencia de los “jardín partagé” de París.

Pasear por una gran capital como París y encontrarse un trocito de tierra cultivada por los vecinos del distrito en ese espacio que ha quedado sin edificar entre los lujosos edificios de estilo hausmaniano no es algo extraño para sus habitantes, pero sí para los extranjeros que no comprendemos este tipo de espacios. El primero que aciertas a encontrar te sorprende y agrada a la par, pero según vas descubriendo más en enclaves diferentes que plagan la ciudad te preguntas cómo surgen y desarrollan estas zonas verdes.

Se llaman “jardín colectivo” (community garden en inglés y jardín partagé en francés) y se describe como un espacio verde público organizado y cuidado por un equipo de amigos o vecinos agrupados en una asociación, que decide convertir una zona residual y olvidada de su barrio en un lugar de encuentro social y cultural.

La idea de agruparse para utilizar las tierras de forma colectiva se remonta a la Edad Media. Históricamente, la población que vivía periodos de guerras y épocas de crisis económicas se apropiaban de terrenos abandonados para  generar  una gestión agraria común y poder subsistir alimentándose de lo que la tierra les daba.

Green Guerrillas

El concepto contemporáneo de este tipo de colectivos tiene su origen en los community gardens de Nueva York a comienzos de los años 70 (1973). El impulsor de esta idea fue la artista neoyorquina Liz Christy y su grupo de amigos, cansados de la decadencia urbana de la ciudad, decidieron actuar de forma muy simbólica: tiraban semillas junto a las vallas de las parcelas libres, conocidas como seed bombing o reforestación aérea, plantaban girasoles en las medianas de los bulevares y ponían macetas con flores en los edificios abandonados.

Tras estas pequeñas actuaciones puntuales, decidieron intervenir a mayor escala: donde había una parcela vacía ellos veían un jardín colectivo. Pronto se les unió gente entusiasta con ganas de colaborar y compartir su sabiduría, consiguieron el apoyo de los comercios vecinos que les donaban plantas y semillas, y así se creó el primer jardín de estas características The Bowery Houston Farm and Garden en Nueva York.

Fundaron el movimiento “The Green guerrillas” bajo la idea de utilizar la jardinería en equipo como medio para reclamar el paisaje urbano, estabilizar los bloques de viviendas y conseguir que la gente trabaje conjuntamente, apoyándose unos en los otros. La asociación rápido se expandió llegando hoy en día a más de 600 zonas verdes como ésta en la ciudad de Nueva York y miles de huertos comunitarios en toda Norteamérica.

Modelo Europeo: París

Este nuevo modelo americano de apropiación y utilización de aquellos espacios condenados al olvido y deterioro con el paso del tiempo, se exportó por diferentes países europeos como Suiza o Alemania, pero especialmente en Francia donde en 1997 se crea el primer jardín partagé en la ciudad de Lille. La expansión urbana había acabado con las pequeñas parcelas privadas de cultivo en sus afueras, ahora colonizadas por bloques de viviendas colectivas y espacios urbanos condenados al abandono y desuso. El ciudadano consciente de ello reclamaba volver recuperar el campo dentro de la ciudad, sin fines individuales, sino como una actividad en sociedad.

El movimiento “The Green guerrillas” bajo la idea de utilizar la jardinería en equipo como medio para reclamar el paisaje urbano, estabilizar los bloques de viviendas y conseguir que la gente trabaje conjuntamente, apoyándose unos en los otros fue el creador del primer jardín colectivo urbano, en 1973 crearon The Bowery Houston Farm and Garden en Nueva York.

En este contexto, la ciudad de París había puesto en marcha un plan para reducir un 25% las emisiones de gases con efecto invernadero generando una estrategia de adaptación al cambio climático que incluía la creación de espacios verdes en tejados y paredes, jardines colectivos, etc. Organizando toda la reglamentación para poderlos llevar a cabo.

El primer paso de un grupo de personas u organizaciones locales que quiere encargarse de crear un jardín colectivo es establecerse como asociación. Podemos tener elegido con anterioridad el lugar a rehabilitar o informarnos de que espacios públicos nos propone el ayuntamiento para revitalizar. Nuestro jardín colectivo puede ser un espacio verde municipal, un terreno privado abandonado, sobre un edificio de viviendas o equipamientos urbanos, etc. Es muy importante recopilar toda la información sobre la parcela a través del Plan General de Ordenación Urbana y el catastro.

El colectivo que dirige el jardín se tiene que comprometer a llevar a cabo una gestión ecológica sin pesticidas ni abonos químicos y preservando la biodiversidad de dicho lugar, abrir el espacio al público al menos dos días por semana, publicar los horarios y actividades que en él se realicen y celebrar por lo menos un acto público por temporada.

Tras organizarnos como asociación y encontrar el lugar adecuado hay contactar con el equipo de Main Verte, que se encargan de la dirección de los espacios verdes y medio ambiente así como el desarrollo de estos proyectos. Es muy importante que nuestra idea se adhiera a la carta de la Main Verte, un programa creado por la villa de París que engloba los jardines colectivos, pedagógicos, de inserción u otros, dónde el único requisito para ser admitido es que sea resultado de un colectivo y sostenible.

Nuestro proyecto se debe formalizar por escrito exponiendo la motivación de la asociación, las actividades que se van a realizar en el jardín (de sensibilización como visitas y presentaciones, de descubrimiento de nuevas técnicas, culturales como representaciones teatrales al aire libre, que promuevan la participación local como el día del jardín, etc.) y el presupuesto. Se puede financiar solicitando una subvención a la junta de distrito, la colaboración de una empresa privada o de la co-propiedad. También existe una red de trueque entre los diferentes jardines colectivos para intercambiar material, semillas, etc.

El colectivo que dirige el jardín se tiene que comprometer a llevar a cabo una gestión ecológica sin pesticidas ni abonos químicos y preservando la biodiversidad de dicho lugar, abrir el espacio al público al menos dos días por semana, publicar los horarios y actividades que en él se realicen y celebrar por lo menos un acto público por temporada.

Es indispensable dar a conocer el nuevo espacio en el barrio, organizando una campaña de comunicación y sensibilización, presentando el proyecto, haciendo debates, cursos de jardinería para niños y adultos, etc. El éxito del proyecto está en integrar a la todo tipo de vecinos y hacer partícipes del lugar a las asociaciones, centros culturales, escuelas y comerciantes del barrio, generando que el jardín sea parte de la identidad de la zona.

Los objetivos de un jardín colectivo se resumen en:

  • Reunir gente de todas las edades, razas y condiciones sociales
  • Realizar una actividad al aire libre
  • Poner al día y compartir nuestros conocimientos y gustos
  • Desarrollar nuestra habilidades como jardineros
  • Recoger frutas y verduras más frescas y ricas que las que podemos encontrar en el supermercado
  • Perdurar la tradición agrícola y contemplar la belleza de la naturaleza en medio de la ciudad.

Si individualmente queremos colaborar en este tipo de proyecto, la ciudad de Paris pone a su disposición un mapa con todos los jardins partagés en su web. Normalmente buscaremos un espacio dentro de nuestro barrio informándonos en la Junta de Distrito o visitando en persona el lugar. Normalmente se pone a disposición del público parcelas de pocos metros cuadrados por un precio de alquiler de 10 a 20 euros al año.

Los jardines colectivos nos ofrecen la posibilidad de caminar a través de la naturaleza en mitad de la ciudad, pero también a reconectar con la jardinería y plantación de hortalizas. Tendremos la posibilidad de compartir consejos y técnicas, perpetuando así la tradición y generando un lugar de intercambio cultural. Además, estos jardines se consideran como espacios de experimentación social, artístico y ambiental, un lugar único donde compartir y conocer experiencias a la vez que recolectamos nuestros propios productos ecológicos.

 

Pancarta Manifestación 25 Mayo contra Monsanto, España

España acaba como el laboratorio europeo de Monsanto

El pasado 25 de Mayo, alrededor de dos millones de personas en 436 ciudades repartidas a lo largo de 52 países, según reportan diferentes sectores de la Organización y multitud de activistas independientes a través de sus cuentas en las redes sociales, salieron a la calle para decir NO  a los cultivos a partir de semillas genéticamente modificadas introducidos entre otras multinacionales por la norteamericana Monsanto.

No ha sido la única acción de protesta que los ciudadanos europeos y de otros países han venido llevando a cabo a lo largo de los últimos años. Probablemente la labor de activistas, investigadores, científicos, asociaciones en defensa del consumidor, ciudadanos preocupados y responsables, algunos jueces y medios de comunicación y, en definitiva, de una parte importante de la opinión pública, ha ido provocando que varios gobiernos se hayan visto obligados a vetar progresivamente los productos y cultivos derivados de los GMO y a instar a la Comisión Europea a que tomara cartas en el asunto. Así, el único material genéticamente modificado autorizado en Europa en 2012 era la variante MON810, patentada por Monsanto y que ya había sido prohibido unilateralmente vetada por países como Francia, Alemania, Austria, Grecia, Hungría, Polonia, Luxemburgo y Bulgaria. En 2011 Hungría había destruido 1000 acres de campos de maíz OGM de Monsanto. Rusia prohibió el maíz de Monsanto en septiembre del año pasado…

Quizá a causa de toda esta oleada de presiones sobrevenidas desde todos los frentes ha hecho que Monsanto haya decidido retirarse del mercado europeo, parcialmente. El portavoz corporativo de Monsanto, Thomas Helscher, anunció a través de la agencia de noticias Reuters el pasado 31 de Mayo, tan sólo 6 días después de las protestas globales contra su compañía y los GMO’s: “Vamos a vender las semillas modificadas genéticamente sólo donde gocen de un amplio respaldo por parte de los agricultores, de un amplio apoyo político y de un sistema regulatorio en funcionamiento. Hasta donde estamos convencidos, esto sólo se aplica a unos pocos países en Europa hoy, principalmente España y Portugal”, agregó.

No sucederá, por tanto, lo mismo en España y Portugal. Como reza su propio comunicado, Monsanto seguirá actuando en aquellos países donde reciba el apoyo de sus Parlamentos. Este es el caso de España, tal y como desvelaban los famosos cables de “Wikileaks”. En uno de ellos, esclarecedor, se puede comprobar cómo el Gobierno de España presionaba a la embajada estadounidenses para que intercediera en favor de la implantación de la industria de las semillas genéticamente manipuladas (GMO’s) en la Unión Europea, a tenor de los acontecimientos  mencionados que reflejaban el creciente rechazo al tema. Quizá así, se pueda entender que por ejemplo la ex-misnistra de Ciencia e Innovación (?) Cristina Garmendia era, hasta entrar en el Gobierno de Zapatero, presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España (dominada por otros lobbies como la Fundación Antama o las mayores multinacionales de transgénicos del mundo: Monsanto y Syngenta).

España era en 2008 el productor del 30% del trigo transgénico cultivado en la Unión Europea. Según la propia Fundación Atama, uno de los grupos de presión o think tank más influyentes en esector agrario y biotecnológico impulsor de los transgénicos, en 2010 el cultivo de maíz BT ha alcanzado las 76.575 hectáreas, representando el 23,2 % del total sembrado en el país, la caída en las variedades transgénicas ha sido menor que en las convencionales. Mientras que estas últimas han visto reducida su superficie en 20.422 hectáreas respecto a la campaña anterior, los cultivos modificados genéticamente retrocedieron 3.131 hectáreas.

¿Es una buena noticia por tanto que Monsanto haya decidido retirarse de la mayoría de países de la UE? En teoría sí, pero teniendo en cuenta el maravillosos caldo de cultivo que el sector de las GMO’s tiene montado en el sur de Europa, en la Península Ibérica, y que ellos mismos avisan de que sólo actuarán en aquellos países donde la legislación sea indulgente y favorable a sus propósitos, cabe pensar que simplemente estamos ante una estrategia de retirada temporal, a la espera de mejores condiciones para acometer su enésimo ataque en el intento de controlar y monopolizar el mercado de las semillas a nivel mundial.

Mientras ese momento llega, en España y Portugal seguiremos “disfrutando” de sus estupendas variedades de cereales y hortalizas resistentes al RoundUp, el veneno inventado por ellos mismos para asegurar una “cosecha sin plagas”. Pero ese es ootro tema, que trataremos en próximos artículos…